El hotel, un lujo: cómodas camas, duchas muy funcionales (preguntar por la cortina) y una vista muy linda a la esquina de la 14th y K. Luego de un rápido check-in, un gran almuerzo en Five Guys, ícono de nuestra estadía en esta ciudad, nos devolvió las fuerzas perdidas en el viaje. A partir de ese momento, visitamos distintos lugares a lo largo de los 3 dias, como el Museo de Aire y Espacio, el Museo del Holocausto, el Capitolio, la Biblioteca del Congreso, los Memoriales..en fin, todo lo que tiene que ver con el National Mall. Personalmente, me causó una gran impresión el Museo del Holocausto, por toda la crueldad y tristeza que refleja, y que intenta darle un giro de esperanza a la lamentable cuestión de la discriminación de todo tipo, al otorgarle a situaciones de opresión de la actualidad la parte final de la exhibición.
Otra cosa que me impactó enormemente fue la apariencia contradictoria que tiene Washington de ser, por un lado una gran ciudad, poseedora de enormes espacios de poder y de una majestuosidad y grandeza arquitectónica que generan una sensación de propia pequeñez y de haber ingresado a la Roma del otrora poderosísimo Imperio; y por el otro, una extraña percepción de estar en presencia de un pueblo donde nada ni nadie pasa, donde no hay tiempo por la vida muerta que se encuentra.
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